El reclamo a Peña en Pilcaya: “¿Por qué no traes comida?”

Una de las comunidades más pobres del país, San Juan Pilcaya, en la Mixteca Poblana, usada sólo como reserva de votos a cambio de promesas de campaña, se vio sacudida el jueves 21 por una visita relámpago de las más altas autoridades federales y estatales. El presidente Peña Nieto, el gobernador Antonio Gali y miembros de sus gabinetes hicieron acto de presencia en medio de un despliegue de seguridad nunca antes visto por aquí. El acontecimiento provocó el enojo del grupo de estudiantes universitarios que llegaba con ayuda para las víctimas del terremoto y a quienes hicieron a un lado. “¿Por qué no traes comida?”, le espetó una muchacha al primer mandatario. “¡Suerte!”, le contestó él.
SAN JUAN PILCAYA, Pue. (Proceso).- Al efecto devastador del
terremoto que dejó casi sin casas ni templo a esta marginada comunidad de la Mixteca Poblana, epicentro del temblor, siguió la aparatosa y efímera presencia del poder político del país y del estado, que encabezó el presidente Enrique Peña Nieto.

JMHS.
El jueves 21, dos días después del sismo, el pueblo se convirtió de pronto en una zona de contrastes: las maltrechas calles, que suelen recorrer mulas, caballos y viejos vehículos, se colmaron de camionetas blindadas, automóviles de lujo, patrullas de las policías Municipal, Estatal y Federal, así como camiones militares, mientras siete helicópteros aterrizaban en campos aledaños.
Miembros del Estado Mayor Presidencial, policías federales y soldados armados tomaron el control de la población y acordonaron los espacios para trazarle a Peña la ruta del acceso, mientras decenas de funcionarios poblanos –con camisas y chalecos de sus respectivas dependencias– y coordinadores de giras de secretarías federales ocupaban el techado del lugar sin hacer gran cosa mientras llegaba el mandatario.
Bajo el sol abrasador, tres decenas de universitarios de la capital del estado bajaban de un camión pesadas cajas de víveres y ropa para la población damnificada. El Ejército le cerró el paso al vehículo y tuvieron que llevar la ayuda en una camioneta pick up, ante la mirada impávida de tropa y burocracia.
Por eso cuando el presidente de la República llegó y saludaba de mano a la población, que fue concentrada bajo un toldo de láminas, una de las estudiantes estaba molesta. Y más se enojó cuando Peña, posando para las fotografías, se dirigió a un anciano: “Nada más unas casitas que se cayeron, pero todo bien, ¿verdad?”.
–En vez de estarse tomando fotos, ¿por qué no traes comida? –le reclamó la joven.
–¡Suerte! –le contestó Peña, mirándola, y siguió saludando, mientras el fotógrafo preguntó quién le había estado silbando al presidente. “Había sido yo y por eso le dije: ‘¿Qué, mañana voy a ser Mara Dos por decir lo que pienso?”, narra Areli Arce aludiendo a Mara Castilla, la joven asesinada en Puebla.
Y es que, en efecto, la ayuda para las víctimas del terremoto del martes 19 de esta población la proveyó la sociedad civil, sobre todo jóvenes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), como Areli Arce, y de la Universidad Iberoamericana de esa entidad, que repartieron frijol, atún, arroz, pañales, papel higiénico y hasta croquetas para perros.
Ella formó parte de un grupo de estudiantes poblanos que llegó con un autobús cargado de víveres y ropa, que repartieron en el modesto kiosco de la plaza principal, bajo la mirada de los soldados que se guarecían del sol.
Sólo una parte de los militares removía escombros con palas y los demás estaban de pie, con las armas de alto calibre colgadas del hombro, inútiles en una comunidad devastada por el sismo, donde el cura del pueblo oficiaba misa mientras Peña se reunía con el gobernador, Antonio Gali, y altos funcionarios para evaluar la situación.
El presidente había dado un discurso en el que confundió los nombres de poblados y municipios de la región, y prometió ayuda para la reconstrucción de las viviendas. Recibió unos aplausos de los funcionarios poblanos. Tras una breve reunión de coordinación, él, los secretarios federales y los funcionarios poblanos abandonaron el lugar en sus respectivos helicópteros y ­camionetas.
Los reclamos al presidente se produjeron pese a que no llevó a la “fuente”, el grupo de periodistas de los medios de comunicación que suelen acompañarlo, por recomendación del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, luego de la aparatosa visita a Morelos, uno de los estados afectados por el terremoto del 19.
“¿Sabes por qué venían sólo tres cámaras con él en el recorrido? Ayer dije: en Morelos la gente estaba enojada porque van 200 cámaras encima del presidente. Me puse a cambiar y que no hubiera. Si se enojan conmigo, lo siento. La gente empieza a decir: ‘Vienes por la foto’”, afirma Osorio Chong.
Involucrado también en el sismo de una semana antes, afirma que quien trate de politizar y lucrar con la tragedia será repudiado. “Hay quienes lo hacen, pero pronto se topan con pared. En Morelos lo quisieron hacer, pero rápidamente la gente los manda a volar. A veces ni siquiera son partidos, sino personas, pero se topan con pared, como en Chiapas”.
Acusado él mismo de querer usar políticamente la ayuda, como en la Ciudad de México, el martes 19, el funcionario aclara: “No estoy buscando cámaras ni tener presencia. Es demasiada tragedia. La sociedad trae una situación de enojo por los que lo han querido hacer. Por eso la indicación es: sólo el Ejército entrega apoyos”.
Puebla, como Chiapas, Oaxaca, Morelos y la Ciudad de México, asegura, son estados politizados y aquí “pocos se van atrever” a lucrar con la tragedia. “Y sobre lo mío: la verdad me tiene sin cuidado. Yo sé que actúo con muchas ganas de ayudar”.
El abandono sigue
Idos los funcionarios, Osorio Chong incluido, Pilcaya quedó en manos sólo de su propia población, de los voluntarios y de un puñado de soldados, sin comunicación siquiera con el exterior vía telefónica. Una situación análoga viven otras poblaciones afectadas por el terremoto en municipios vecinos, como Huehuetlán el Chico.
En San Juan Platanar, a 15 minutos de Pilcaya, el terremoto arrasó con las casas cuyos habitantes son –la mayoría– personas mayores, según constató Proceso el miércoles 20.

FUENTE: REVISTA PROCESO.

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